57. El "Correctivo" del Rey Lobo
Tras lo que Aelina percibió como una eternidad caminando en un silencio sepulcral dentro de aquel enorme castillo, finalmente llegaron a una estancia que ella jamás había vislumbrado. Con un chasquido de dedos y gracias a su magia, Valdimir iluminó el suntuoso candelabro de araña que pendía majestuosamente del techo. Fue entonces cuando la joven pudo apreciar aquel recinto que estaba decorado de una manera hermosa, que más bien parecía una especie de salón destinado a prácticas reservadas.
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