58. La carne es debil
Perspectiva de Aelina
Mi corazón latía desbocado en mi pecho, mientras observaba a Valdimir despojarse de sus prendas con una naturalidad desconcertante. Lo hacía sin ceremonia alguna, como alguien que se prepara para un baño rutinario o se desviste para buscar el confort de ropas más holgadas. Su actitud casual contrastaba abruptamente con la gravedad de la situación, intensificando mi aprensión. Aunque mi mente ya anticipaba sus intenciones para mi "castigo", sentí la necesidad de confirmar mi