56. La Bestia y la valiente
Los ojos ámbar de Valdimir, habitualmente gélidos y astutos, ahora centelleaban con una ira apenas contenida ante la audacia de Aelina. Su mirada penetrante se clavó en la joven de cabello azabache que se interponía valientemente entre él y el aterrorizado sirviente con el que deseaba desquitarse. El muchacho, paralizado por el asombro, observaba la escena con incredulidad, incapaz de procesar la extraordinaria situación que se desarrollaba ante sus ojos.
En ese momento, parecía como si el aire