17. El lobo furioso
El corazón de Aelina latía desaforado contra su pecho mientras tragaba saliva con dificultad. ¡Había sido descubierta! Su intento furtivo de espiar a través del antiguo espejo no había resultado como esperaba. Aunque, en su defensa, jamás imaginó que Valdimir regresaría con tanta premura. ¿Cómo lo había logrado? Fue el único pensamiento que cruzó por su mente antes de que el tiempo se detuviera en esa habitación, desde el punto de vista de la joven pelinegra.
Ella no tuvo oportunidad de reaccion