Era pleno invierno, y la estática ya estaba en el aire.
Después del revolcón que le dio Esteban en el cabello, Serena terminó con la melena hecha un desastre.
Corrió al espejo con el ceño fruncido.
—Genial... toda despeinada.
Tomó un cepillo, roció un poco de spray para el cabello y se puso a arreglarlo con paciencia frente al espejo.
Cuando Esteban salió del baño, Serena se quedó unos minutos más, pensando lentamente en lo que él le había dicho.
Serena no era tonta.
Con su aspecto y su figura,