—Donato, mejor concéntrate en tu carrera por ahora —dijo Serena con tono firme—. Cuando tengas estabilidad, entonces ya podrás pensar en casarte.
Luisa asintió de inmediato.
—Estoy de acuerdo con Serena —añadió.
Donato soltó un suspiro largo.
—Pero es que... de verdad me gusta. Nunca había conocido a una chica tan dulce.
Para que una mujer lograra conmover a Donato, no bastaba con un rostro bonito.
Después de todo, Serena, con toda su belleza, llevaba años apareciendo frente a él, y él nunca la