Lorenzo abrazaba a Cloris, pero sus ojos no dejaban de mirar fijamente a Serena:
—Serena, hiciste que Luisa no pidiera perdón. Ella no debía haberla agredido.
—Un perdón era imposible —respondió Serena, protegiendo a Luisa con su cuerpo—. Hay mujeres que tienen la lengua muy filosa; merecen un golpe. Es un milagro que esta gente siga viva.
Las compañeras de Cloris temblaron de ira:
—¡Tú...!
Serena sonrió con frialdad:
—No mencioné nombres, así que no os lo toméis a pecho.
El ambiente ya había l