Luisa miró a Serena con cautela, casi con miedo de la respuesta:
—Serena, ¿qué te pasa? ¿Es que ellos te hicieron algo? ¿Te intimidaron?
Serena cerró los ojos suavemente.
No, no le temía a Lorenzo ni a Cloris.
Solo quería evitar que ella y sus amigos terminaran atrapados en el trágico destino que el libro había marcado para ellos.
Cuando todo se vino abajo para Serena, Luisa y Donato, los tres apenas pasaban los veinte años.
Deberían haber estado disfrutando de la mejor etapa de sus vidas, pero