Una chispa de frialdad cruzó los ojos de Rafael.
Había subestimado a Serena.
Al principio, al verla tan delicada, creyó que solo era un juguete bonito en manos de Esteban.
Jamás imaginó que Serena no solo tenía lengua afilada, sino que incluso podía dar órdenes a Ted.
Ted, quien siempre obedecía solo a Esteban.
Incluso si el viejo señor Ruiz le pedía algo, él encontraba excusas para negarse.
Como mano derecha de Esteban, hasta los altos ejecutivos del grupo le mostraban respeto, mucho más que e