El adivino había llegado al hospital privado de la familia Ruiz, donde disfrutó de buena comida y trato durante varios días. Se había pasado el tiempo compitiendo con monjes taoístas, sacerdotes budistas y chamanes en una especie de batalla de habilidades y creencias. Pero jamás se imaginó que terminaría cruzándose con una joven tan astuta.
"¡Si eras la señora Esteban, haberlo dicho antes!", pensó. "Te habría elogiado tanto que te pondría como una diosa enviada del cielo".
Lo que nunca esperó f