Alba entró a la casa, su tía tomó su mano con fuerzas, ella miró su rostro.
—¿Así que te casas con un millonario? ¡Por lo visto eras una falsa mosquita muerta! En realidad, eras una trepadora. ¿Y el noviecito que tanto decías amar?
Alba se liberó de su agarre, que le recordara Rhys dolía en su corazón.
—¡Cállese! ¡No hable de él! ¡Él está muerto!
Antonella la miró impactada.
—Mira que ventajoso, muere y caes en las manos del hombre más rico de la ciudad, miserable arribista. ¡No te lo creo!