Siete meses después.
Alba observaba su prominente vientre, estaba a punto de dar a luz.
Evan llegó más tarde, sonrió al verla, tocó su vientre y le habló a su bebé, como cada día lo hacía.
El bebé se movía mucho, cuando escuchaba la voz de su papá.
Se recostó a su lado, la abrazó.
—¿Sabes? Tengo miedo.
—¿Miedo?
—Mi madre murió dándome a luz, he pensado mucho en eso, no quiero…
Ella acarició su rostro.
—No te dejaré, ni a ti, ni a mi bebé, lo prometo, seré fuerte para regresar a casa los