Alba retrocedió, sintió que un nudo apretaba su garganta.
—Quiero dos millones de euros, es mucho dinero, ¿Estará dispuesto a pagar tanto por Alba?
Evan se levantó y lo miró
—Yo estoy dispuesto a pagarlo por Alba.
Ni en sus sueños más salvajes, Francisco, creyó que su sobrina valdría tanto, ahora supo que pudo pedir más.
Alba dio la vuelta, sentía que temblaba, lágrimas corrían por su rostro.
«¡Soy una mujer! ¡Soy un ser humano! ¿Comprarme? ¡Maldito! Yo no soy un animal o un objeto que com