—¡Señor Estévez! —exclamó la madre superiora, pero el hombre se había marchado.
—Déjelo ir, madre, no es un hombre importante.
—Es un benefactor, vino a ayudar a la causa.
Luca tomó la mano de la madre, y fueron adentro de su oficina.
—Le puedo asegurar que nosotros haremos que consiga el presupuesto para remodelar el orfanato.
La monja estaba esperanzada.
Mia le dijo que harían una fiesta con la gente de la alta sociedad de Barza, así conseguirían muy pronto el dinero necesario, además de lo