Habían pasado algunos días desde la llegada de Lily, y la mansión de Thomas Doone ya no era el lugar solemne y silencioso que solía ser.
Ahora era un campo de batalla, uno ruidoso.
Thomas parecía rejuvenecido veinte años. Reía más fuerte, caminaba más erguido y provocaba a su nieto con una constancia que rayaba en lo criminal. Rebecca y Lily habían formado una alianza peligrosa —dos temperamentos explosivos bajo el mismo techo— y Elara… Elara había vuelto a ser ella.
La verdadera, la chica