Elara no podía respirar; el lugar dejó de importar en cuanto la vio.
Allí, de pie frente a ella, con los brazos cruzados y esa expresión impaciente que conocía mejor que nadie.
Lily estaba ahí, en carne y hueso. Su cabello rubio recogido sin demasiado cuidado, sus ojos encendidos y esa postura desafiante que parecía lista para entrar en guerra con el mundo entero.
Elara sintió todo al mismo tiempo: confusión, alegría, alivio y preocupación. Su mente no pudo procesarlo.
Sus labios se entreab