Había pasado una semana. Siete días desde la explosión, siete días desde que Rowan irrumpió en la habitación asegurando que Elara volvería a la mansión, siete días de tensión constante.
Elara seguía hospitalizada; físicamente estaba mucho mejor. Los moretones comenzaban a tornarse amarillos, la herida de la rodilla cerraba bien, las costillas ya no dolían con cada respiración.
Caminaba despacio por el pasillo con supervisión médica, comía un poco más, dormía sin sedantes.
El embarazo seguía