Habían pasado dos semanas. Catorce días exactos desde que la puerta de la celda se cerró por primera vez detrás de Elara.
Catorce días desde que su mundo se redujo a concreto húmedo, órdenes gritadas y golpes que nunca eran suficientes para quebrarla del todo, pero sí lo bastante constantes para deshacerla poco a poco.
Ya no era la misma, ni siquiera era la sombra de la mujer que discutía, que gritaba, que defendía lo que amaba con uñas y dientes. Ahora caminaba con la mirada baja
Su cabello