El pasillo de la enfermería se quedó en silencio. Dos guardias se miraron entre sí, pálidas.
—Nosotras solo seguimos órdenes… —Murmuró una, todavía con el palo antidisturbios en la mano. —Se resistió en el comedor, no quería limpiar a fondo...
—¿Resistirse es motivo para destrozarla a golpes llevándola casi hasta la muerte? —Espetó la encargada, furiosa. —¿Están locas? ¡Es la esposa de Rowan Doone! —La mención de ese nombre las puso rígidas.
Dentro de la pequeña sala médica, Elara estaba