Muda insignificante.
Marina llegó a la universidad como todos los días, con el sol matutino apenas despuntando en el horizonte y los pasillos comenzando a llenarse de estudiantes somnolientos. Atravesó el amplio vestíbulo con su bolso colgado al hombro, saludando con gestos discretos a los pocos compañeros que conocía en aquel vasto mar de rostros desconocidos. Tuvo sus primeras horas de clases con normalidad, sentada en la tercera fila como era su costumbre, tomando apuntes con su lapicero azul preferido y asintie