Celos irracionales.
Anderson observaba a su hermano fijamente mientras este daba la versión de los hechos sobre su atentado. Mientras escuchaba no podía dejar de pensar en lo ilógico que era todo lo que decía, como si cada palabra fuera una pieza mal encajada en un rompecabezas.
Las luces del hospital parecían intensificar cada gesto, cada parpadeo nervioso de su hermano, haciendo que las mentiras resultaran aún más evidentes para Anderson.
El silencio ocasional entre las palabras de su hermano solo servía para