Disfruta la noche.
Cloe esperaba alguna reacción dramática, un grito ahogado, una lágrima terca escapando de la comisura de sus ojos, una maldición que diera rienda suelta al dolor acumulado.
Sin embargo, Isabella se puso de pie con una calma que no era indiferencia, sino determinación contenida, avanzó hacia el cubo de reciclaje con el vestido entre las manos, y sin detenerse a mirarlo por última vez, lo dejó caer con una soltura casi ceremonial.
El tul rozó el borde metálico antes de hundirse con un leve susurr