Julieta se quedó en silencio durante mucho tiempo antes de responder:
—No te creo.
—¿Por qué? —preguntó Leandro.
Julieta vaciló por un momento y respondió:
—Las palabras no son más que palabras. No tengo razón para creerte.
Esta vez le tocó a Leandro guardar silencio.
Él sabía muy bien que esa era su respuesta.
Después de cuatro años, aunque ella había cambiado su identidad, todavía elegía no creerle.
—¿Podrías darme la oportunidad de redimirme? —preguntó.
A Julieta le dolía el corazón; no sabía