Fue increíble.
Después de seguir las instrucciones de Leandro, su respiración efectivamente se volvió más calmada, y ya no estaba tan nerviosa ni asustada como antes.
Leandro estaba preocupado de que no estuviera mejorando, así que agarró su mano con fuerza y dijo:
—No tengas miedo, estoy aquí contigo.
Al escuchar esto, las lágrimas brotaron en los ojos de Julieta y cayeron por sus mejillas.
Veintiún años antes, fue él quien dijo 'No tengas miedo, estoy aquí' y la sacó de la oscuridad.
Después