Julieta quería liberarse de su abrazo, así que dijo:
—Voy a preparar la cena, Samuel tendrá hambre muy pronto.
Sin embargo, Leandro la abrazó aún más fuerte, presionó sus labios contra su oído y repitió en voz baja:
—¿Puedes hacer paella de pulpo?
—Tú no comes pulpo.
—Ahora sí —respondió Leandro.
Julieta se quedó sin palabras. No entendía su repentina obsesión por la paella de pulpo, pidiéndole que preparara un plato que nunca había comido.
Pero no quería discutir con él por algo tan pequeñ