—¿Qué haces tú aquí?
Sorprendida por un momento, Julieta entró en pánico y lo empujó.
—Suéltame.
Leandro la soltó mientras caminaba directo a la mesa.
—¿Qué puedo hacer por ti?
Justo al terminar la frase, el hombre se quitó la chaqueta, luego se remangó y sus manos largas y delgadas empezaron a seleccionar verduras de la bolsa.
—Limpiaré los camarones. ¿Qué más hay que lavar?
El espectáculo dejó atónita a Julieta. Había conocido a un Leandro así, hacía dos años. En aquella época solían cocinar j