Cuando Julieta salió de la habitación de Leandro, caminó hacia su cuarto lo más rápido que pudo.
Al entrar, cerró la puerta, se apoyó en ella y empezó a llorar.
Pensaba que a ella ya no le importaba Leandro, pero resultaba que sí.
Nada más ver la interacción entre Leandro y Dalila, un dolor punzante le atravesó el corazón, tan doloroso que le costaba respirar.
Se sintió inútil, aun derramando lágrimas por aquel hombre.
Lloró demasiado. El dolor en sus pulmones vino después y el sabor a sangre vo