Julieta se quedó en blanco, simplemente en blanco, mientras miraba al hombre a quien había amado más que a su propia vida, aquel que le había prometido cuidarla por siempre.
Al final, el cuento de hadas era sólo eso, un cuento.
Lo que ella tenía no era un ‘vivieron felices por siempre’, solo tenía palabras dolientes una y otra vez.
El auto empezó a detenerse lentamente. Leandro abrió la puerta y volvió a arrastrarla con violencia.
Julieta levantó la mirada y vio un patio familiar pero cubiert