Vanessa despertó con la boca seca y la cabeza partiéndose en dos.
Por un instante no supo dónde estaba.
Abrió los ojos despacio, con esa sensación horrible de haber dormido mal, de haber caído en un sueño pesado que no descansaba. La luz de la mañana entraba por una rendija de la cortina y le pegaba directo en la cara. Se cubrió los ojos con una mano y soltó un gemido bajo.
El cuerpo le dolía.
Había una botella vacía sobre la mesa baja y otra tirada en el piso, cerca del sillón. La copa esta