Laura abrió la puerta antes de que Agustín tocara por segunda vez.
Tenía el pelo recogido de cualquier manera, una carpeta bajo el brazo y esa cara de quien llevaba horas sosteniendo una rabia que ya no encontraba dónde guardar.
—Entrá —dijo.
Agustín entró con el maletín en la mano y el cuerpo lleno de una tensión que no sabía disimular. Saludó con un movimiento de cabeza .Apenas cruzó la puerta, dejó el maletín sobre la mesa del estudio y lo abrió.
Las fotos quedaron allí.
Laura las miró e