Vanessa llegó a la oficina con los nervios escondidos debajo de una blusa impecable.
Había retocado el maquillaje en el estacionamiento antes de bajar del auto: corrector bajo los ojos, labial suave, el cabello acomodado detrás de las orejas y esa expresión de mujer segura que durante años le había servido para entrar a cualquier sala como si nada pudiera tocarla.
Pero ese día sí la estaban tocando demasiadas cosas.
Nahuel y Emma no quisieron volver con ella. Agustín no le contestaba. Hernán