Vanessa llamó a Agustín apenas le permitieron hacer una llamada.
Tenía las manos frías, la garganta seca y una sensación de irrealidad pegada al cuerpo. Hasta hacía unas horas todavía podía sostener la fantasía de que todo era un malentendido, una exageración, una consecuencia incómoda de sus celos contra Eva Beltrán. Pero ahora estaba en una comisaría, con una funcionaria esperándola al otro lado de la puerta y una abogada que ya no la miraba como antes.
Agustín atendió después del tercer tono