Hernán Del Valle no había dormido.
La celda era demasiado fría, demasiado estrecha y demasiado real. No podía cerrar los ojos sin escuchar el golpe metálico de la puerta, sin recordar la voz de Vanessa diciéndole que Sonia no había abortado.
Su empresa.
Su dinero.
Su nombre.
Sus hijos.
Todo se le estaba escapando por grietas que hasta el día anterior creía controladas.
Horas antes, durante la madrugada, sus padres habían ido a verlo.
Estaba en esa misma celda, con un policía cerca y la obligaci