Más tarde, cuando la madre de Sonia y ella se fueron a descansar y la casa quedó en silencio, Sonia volvió a levantarse para tomar agua.
La luz de la cocina seguía encendida.
Esteban estaba sentado junto a la mesa, revisando unas notas sin tocar el vaso que tenía delante. Tenía el saco sobre el respaldo de una silla y las mangas de la camisa apenas remangadas, como si hubiera intentado aflojar el día sin conseguirlo del todo.
Sonia se detuvo en la entrada.
—Pensé que ya te habías acostado.