Después de la cena, la casa de campo quedó con ese silencio tibio de los lugares donde nadie quería hacer ruido de más.
La madre de Agustín retiró los platos sin permitir que Eva se levantara. Le dijo que se quedara sentada, que María necesitaba terminar el té con miel que ella le había preparado y que Lucas todavía tenía cara de no haber comido suficiente postre.
El abuelo, por su parte, puso más leña en la estufa y después revisó que la puerta principal estuviera cerrada con llave. No hizo n