Carlos Méndez seguía en la comisaría, no demasiado cerca de Laura, cuando llegó el abogado de Hernán Del Valle.
No se había ubicado allí por casualidad. Había elegido un lugar desde donde podía ver la puerta principal, el pasillo de las oficinas y la sala pequeña donde habían llevado a Hernán para que esperara sin seguir dando espectáculo frente a todos. Tenía la mochila apoyada entre los pies, la credencial de prensa escondida debajo de la campera y el celular en la mano, con la pantalla apaga