Por un instante, la comisaría entera pareció bajar el volumen.
Hernán Del Valle quedó frente a Laura Benítez con la misma arrogancia de siempre, pero sin el escenario que acostumbraba dominar. No estaba en su casa. No estaba en su constructora frente a sus empleados que dependían de su sueldo ni frente a mujeres que había logrado asustar durante años.
Estaba en una comisaría.
Y cada palabra empezaba a pesarle muchísimo.
—Hernán —dijo Laura—. Qué gusto verte por fin en un lugar donde no elegí