Elly no respondió de inmediato. Sentía el cuerpo desprovisto de vigor, como si sus fuerzas se hubieran evaporado por completo con solo escuchar aquella interrogante. Con pasos vacilantes, se encaminó hacia el suntuoso sofá y se dejó caer sobre la fría superficie. Lupe, al percibir la profunda aflicción de su confidente, la secundó y se sentó a su lado, ofreciéndole esa presencia que invariablemente le infundía entereza.
Elly inclinó la cabeza, contemplando sus propios dedos, los cuales entrelaz