Erick detuvo su movimiento sobre la cama. Su impotencia enfrió al instante la atmósfera de intimidad que los envolvía. Respirando con dificultad, cargado de culpa y frustración, se apartó lentamente de ella.
—Perdóname, Mary, todavía no puedo.
Dijo esto mientras la bajaba de su regazo con torpeza, pero con mucho cuidado. Mary se ensombreció por la decepción; el deseo que apenas había empezado a florecer en ella se desvaneció de golpe, dejando un vacío que se reflejaba claramente en su postura ca