Lupe volvió a girar sobre sus talones. Forzó sus piernas para continuar la marcha, simulando sordera, y desestimó por completo aquel llamado que le perforaba los oídos. Actuó como si el hombre al que acababa de avistar fuera un absoluto desconocido. Lupe apretó los puños, ocultando el temblor de pánico que se propagaba por todo su ser, mientras rogaba internamente que Erick desistiera.
—¡LUPE! —insistió Erick en su llamado, con una voz parca y colmada de apremio. Ignoró el desconcierto en la mi