Elly se apresuró a estrechar a su hijo. Se arrodilló sobre el suelo, sosteniendo los hombros del pequeño con manos trémulas. Todo su cuerpo estaba empapado en un sudor frío; debía frenar la curiosidad de Felix en este preciso instante, antes de que fuera demasiado tarde.
—Felix… ¿tienes sed? Le pediré a Lupe que te traiga algo de beber —articuló Elly, desviando el tema con premura. Su voz se elevó una octava, cargada de un pánico que se esmeraba en encubrir bajo las atenciones de una madre.
Lup