—¡¿Quién es usted?!
Inquirió la mujer, visiblemente molesta. Sus ojos acribillaron a Erick con un evidente destello de indignación, mientras el pequeño que la acompañaba comenzaba a asustarse y se refugiaba detrás de las piernas de su madre.
Erick no estaba menos desconcertado. Se quedó petrificado. En cuanto la mujer se dio la vuelta, el rostro que lo contemplaba con profunda ira no era, en absoluto, las delicadas facciones de Elly Anderson que lo atormentaban día y noche.
Erick cayó en la cue