Yo me encargo de limpiar el desastre que dejen.
ASHTON GARDNER
El pitido constante del monitor cardíaco era el único sonido que decía que mi esposa aún estaba conmigo. Liss respiraba, estaba viva. Contra todo pronóstico estaba mejorando rápido, pronto la podría llevar a casa, tenerla en nuestra cama, dormir con ella, consentirla, y decirle lo mucho que la amo. Estaba sentado junto a su cama, le sostenía la mano con fuerza. No me atrevía a soltarla, como si pudiera aferrarla a la vida con mis dedos.
Ethan dormitaba en el sillón, Oliver revisa