OLIVIA
Empujé la puerta del departamento con el pie, riéndome sola mientras cargaba el café y el muffin en una mano y sostenía la chaqueta en la otra.
—¡Princesooo! —repetí en voz alta, exagerando mi tono con burla mientras Camila, mi mejor amiga y roomie honoraria, me miraba desde el sillón con una ceja alzada.
—¿Otra vez con el apodo raro?
—¡Lo vi! —canturreé como niña de primaria—. Me lo volví a encontrar, así, casual, como si el universo jugara a cruzarnos.
Dejé las cosas en la mesa de cen