ASHTON GARDNER
La mañana en la oficina había comenzado como cualquier otra: reuniones, llamadas, negocios. Todo menos paz. Dormí poco la noche anterior. El sabor de su boca aún me quemaba los labios, su aroma seguía pegado a mi piel, como si el tiempo no hubiese pasado.
Estaba revisando unos informes cuando William tocó la puerta.
—Señor, Marcus Black está aquí. Dice que quiere hablar con usted.
—¿Hizo cita?
—No, señor. Pero... está bastante alterado.
Sonreí. Como una fiera herida. Sabía que es