LISSANDRA
Desperté envuelta en su calor, con su brazo rodeando mi cintura y su respiración acariciándome el cuello. Era una de esas mañanas lentas, en las que el mundo parecía estar suspendido entre el sueño y la realidad. No necesitábamos hablar. Su cuerpo decía todo.
—Buenos días, señora Gardner —murmuró Ash, con la voz ronca de recién despertado.
Sonreí sin abrir los ojos.
—Buenos días, amor mío.
Él rió contra mi piel, y sus labios rozaron mi hombro desnudo.
—Tengo que viajar hoy. Reunión en