LISSANDRA
La habitación estaba en penumbra. Solo la lámpara del rincón iluminaba tenuemente la silueta de Ash, sentado al borde de la cama.
Eran casi las dos de la madrugada. Erick dormía como un angelito en su habitación, y yo había despertado por la ausencia de mi esposo, abrí los ojos y lo encontré ahí. Inmóvil. Con los codos apoyados en las rodillas y la mirada perdida.
No hacía falta ser vidente para notar la tensión en sus hombros.
Me acerqué sin decir nada, con un pequeño babydoll cubrie