ASHTON GARDNER
El sol se filtraba por las cortinas de lino blanco, derramando una luz suave sobre la habitación.
No era violento. No era intruso.
Era ese tipo de amanecer que no grita, sino que susurra: todo está bien ahora.
La suite estaba en silencio.
Podía oír su respiración.
Pausada. Real.
La sentía contra mi pecho, cálida, viva.
Liss dormía sobre mí, con el rostro apoyado en mi pecho y una de sus piernas entrelazada con las mías.
Tenía los labios entreabiertos y el ceño apenas fruncido, co