ASHTON GARDNER
Los primeros rayos del sol se filtraban por las cortinas de lino blanco, acariciando la piel desnuda de Lissandra. Su respiración era tranquila, su cuerpo enredado entre las sábanas de seda… y mis brazos, que no la habían soltado ni un segundo desde que cayó rendida entre sus suspiros.
La suite del hotel estaba en completo silencio, excepto por el canto lejano de las aves que llegaba desde el balcón. El mundo parecía haberse detenido para nosotros.
Fui el primero en moverme.
Abrí