ETHAN GARDNER
Estaba sudando.
¡Y ni siquiera hacía calor!
Mi reflejo en el ventanal del café mostraba a un tipo arreglado, peinado con más gel del necesario y con el corazón bailando salsa. Porque sí, Olivia había aceptado. Después de varios mensajes y suspiros que nadie escuchaba… había aceptado tomarse un café conmigo.
Un. Café.
Conmigo.
Y no se lo había pedido llorando.
Bueno… no mucho.
—Entonces… ¿estás bien? —me preguntó Olivia, al otro lado de la mesa.
Su voz era como esas canciones que u